Las señales llegan, 😂 sí, ¿no?

Vamos a empezar por lo principal: no es posible controlar lo que los demás piensan de ti, ni si al resto le agrada o le encaja la manera en la que ves el mundo. Pero sí tienes una gran ventaja con la que poder jugar a tu favor.

Cada noche, antes de irte a dormir, cuando revises tu día, puedes saber si diste lo mejor de ti o si te quedaste a medias. Y fíjate que incluso siendo consciente de no haber entregado el 100% de todo cuanto habías planeado, aplicar un 10 ya te hace más grande, más única y más memorable que si hubieras dedicado una milésima de vida a intentar encajar en un puzle hecho de piezas de otros. En esos estándares tan populares y aparentemente demasiado atractivos como para no arremangarse e ir corriendo hacia ellos.

Y es que el miedo a no tener un espacio donde ser visible es realmente aterrador.

Yo no sé si la clave para la buena vida es ser visto, dejarse ver o soltar esa necesidad tan asfixiante de pertenecer a lo que sea por no estar sola. No sabría posicionarme. La lógica me dice: “suelta muchacha, suelta porque lo demás huele a podrido”, ¿pero quién soy yo para establecer un límite incuestionable? No te digo ya para los demás, te digo para mí misma.

La vida en sí, lo que viene siendo subsistir físicamente, no es difícil si tienes los medios básicos. Tampoco necesitas demasiado: algo para comer, beber y descanso. Pero la vida no solo es sobrevivir, también es vivir, con sus 5 letras y su inmensidad.

Joder, y que bien se lleva la vida cuando no solo se atraviesa desde lo necesario, sino desde la opulencia de saberse perfecto. Y no te equivoques, porque no estoy hablando de esa perfección hedionda que nos arrastra hacia un abismo sin fin. No, no. Estoy hablando de una excelencia llena de inexactitudes, de pequeños rotos y descosidos. Esa que no necesita de la atención de nadie para soñar alto. La bendita perfección que no necesita decorados para brillar sin censura. Esa grandeza, la que tú y yo llevamos desde el día en que vinimos a encarnar esta vida, esta suerte de casualidades.

Pero mira, no creo que hoy pueda confesarme detractora o partidaria de aferrarse o soltar. Hay días en los que yo misma me veo bien pegadita a las metas que se supone debería conseguir. Lo mismo con mis redes, mi maternidad o cualquier otra pendejada del estilo (anoto por si se malinterpreta: lo de la maternidad léelo con cautela. No hablo de que ser madre sea una tontería, sino más bien de que, a veces, intentar llegar a todo para ser esa madre que esta sociedad entiende debería ser, es una tremenda equivocación. Desgasta, desaprovecha, arruina. Es una mierda de niveles superiores, en serio. Algo que roza la indecencia, que arruina vidas y, en algunos casos, los lleva a un desenlace demasiado triste), pero, como te iba diciendo, por lo que sea, para mí, en ese instante, mi deseo por llegar a la meta que se me ha metido entre los ojos es Dios, es la base, lo que me retiene.

¿Y qué haces si, aún conociendo todo el panorama, tu cabeza se empeña en revisar, cuantificar y analizar, cual psicópata, los patrones de seguidores o posibles personas absolutamente desconocidas para mí?

¿Qué haces si todo empieza a derrumbarse, a no tener sentido? Tanto esfuerzo para qué, para… Mira, ni una asquerosa señal de que las cosas están yendo a algún sitio. No me digas que no te ha pasado, que no te está pasando ahora.

Es desolador. Yo noto como si la vida me pesara más de lo habitual. ¿Y sabes qué? No tengo la menor idea de si llegarán señales o si estaré en lo correcto. No tengo como adivinar si mis sueños tendrán cabida en esta etapa de aprendizaje de mi alma (vete a saber que contratos firmé yo antes de materializarme en esta dimensión), así que, sinceramente, he decidido ir hacia el único lugar desde el que la vida se puede respirar con aire limpio y puro: desde las palabras.

Hoy escribo porque me ayuda, me describe, me conecta con algo maravilloso. Siento como si todo fuera un poquito más liviano. Y me encanta. Delante de mí solo hay una pantalla llena de letras y cero seguidores/detractores. Es fantabuloso (te diría que me atreví a inventar este palabrajo un día, pero sería demasiado deshonesto, no tengo datos reales, ni los voy a buscar. Hazte cuenta de que, si te encaja sí, y si no, pues no, y así todos contentos.)

Escribir: lo amo, lo adoro. Me emociona. Será tal vez que desde ahí consigo el espacio desde el que mi vida se ve y se escucha, aunque detrás de su lectura tan solo esté yo.  Figúrate. ¿Te imaginas si en realidad no solo estuviera yo, y si, por descalabrado que parezca, también estuvieras tú y Dios, y mis guías, y… yo que sé? ¿Y si detrás de todo estoy yo, completa, perfecta, atenta, llena, feliz, desbordante?

Si hoy no te ves demasiado a la vista, hermana, no te sientas sola. A mi me pasa. Más de lo que quisiera. Busca el consuelo en esas pequeñas cosas que te hacen tan increíblemente poderosa. Tal vez sea pintar, bailar a escondidas, reír escuchando monólogos imposibles, cocinar unas galletas que huelen a cielo, abrazar a tu gato, a tu perro o a tu cobaya. No te cortes, donde sientes bien, ahí es.

Un abrazo infinito. Te veo. Te ves. Nos vemos.

MJPVillares

Escritora y poetisa